MUJERES DEL SIGLO XXI
En estos tiempos de crisis profundas a nivel individual,social y mundial ser una mujer del siglo XXI y no perderse en el intento es un desafio al que no debemos renunciar.
La mayoría de la mujeres que hoy tenemos entre cuarenta y cincuenta años llevamos una vida agitada en la cual hay poco tiempo para ocuparnos de nosotras, de nuestras necesidades y deseos más íntimos, de nuestra interioridad.
Las que hemos formado una familia , trabajamos a la par de los hombres para mantener el hogar, porque la plata nunca alcanza. Algunas tenemos la suerte de que nos paguen por hacer lo que nos gusta; pero muchas trabajan en condiciones inhumanas, son explotadas o utilizadas y ofendidas por el sólo hecho de ser mujeres. Además del trabajo fuera de la casa, también estamos a cargo del hogar. Somos el eje de la familia: acompañamos a nuestros hijos en su educación y en su crecimiento, los contenemos , les ponemos los límites, nos reímos y lloramos con ellos; también pagamos impuestos, cocinamos, limpiamos ; nos esmeramos por ser buenas esposas( las que aún tienen marido) y , si nos queda tiempo, estudiamos y nos ocupamos de nuestra vida espiritual y social.
Cada vez que pienso en las mujeres de hoy en día, no puedo evitar sentir que, si bien hemos evolucionado y crecido en protagonismo con respecto a otras épocas , seguimos siendo tan esclavas como antes. Nos esclavizan nuestros propios prejuicios y mandatos(ser buenas, eficientes, lindas, etc.), el modelo de mujer orquesta omnipotente y omnipresente( aunque no por propia elección) y nuestros legítimos deseos de ocupar nuevos espacios a nivel profesional .
La verdad es que la mujer del siglo XXI está escindida y fuera de sí misma, perdida en la vorágine de actividades cotidianas que consumen no sólo su tiempo, sino también su cuerpo y alma. Hemos perdido de vista nuestros sueños , desconocemos nuestros propios proyectos , no los tenemos o , simplemente, los relegamos. Nos queremos y nos cuidamos poco y caemos en el desencanto, el desgano o la depresión.
Recién cuando tocamos fondo, sentimos que no estamos solas en este desafío de ser mujer. Entonces, descubrimos que Dios nos acompaña y espera para rescatarnos. El nos devuelve la esperanza con su infinito amor y nos recuerda que en nuestra fragilidad se halla el secreto de nuestra fortaleza ; que únicamente a través del amor( a Dios, a nosotras mismas y a los demás) recobraremos la paz, la libertad y el sentido de la vida ;y que sólo seremos realmente felices cuando seamos capaces de crear nuestros propios espacios para volver a mirarnos, para renovar la fe en nosotras mismas y para escuchar a nuestro corazón.
Susana
Susana